Los Caballeros Templarios son una organización monástica con una historia marcada que cambió la percepción de las órdenes cristianas en algunos países del mundo. Sin embargo, a pesar de su fama, a menudo se les confunde con las Cruzadas. Comprender la diferencia entre ellas es importante para comprender la historia del cristianismo.
Para comprender la diferencia entre los caballeros y los cruzados, es importante tener una definición clara de ambos. Según los cristianos latinos de la Edad Media, una cruzada era cualquier campaña o guerra militar considerada espiritualmente meritoria por el papado, liderado por el Papa de Roma en aquel entonces. Es la justa guerra cristiana sugerida por San Agustín mucho antes del inicio de las cruzadas. Una cruzada no puede ocurrir entre dos cristianos. La guerra debe ser beneficiosa a los ojos de Dios, y su principal propósito debe ser defender su palabra. Teniendo esto en cuenta, muchas guerras de los siglos XII y XIII entran en esta categoría.
Poco antes de la llegada de los cruzados a Jerusalén, esta estaba controlada por los turcos selyúcidas, quienes atacaban a los peregrinos cristianos procedentes de Europa. Fue entonces cuando se creó la Orden del Temple. Su objetivo inicial era proteger a estos viajeros. Poco después, la orden se convirtió en mucho más que eso. Ser templario implicaba participar en diversos rituales, hacer votos de castidad y seguir normas sobre dieta, vestimenta y vida social.
Por otra parte, para ser templario no basta con participar en una cruzada, sino que hay que ser miembro de la orden.
La confusión que suele asociarse con los Templarios y los Cruzados no es casual. De hecho, comparten muchos aspectos. Por ejemplo, ambos tienen elementos penitenciales como la renuncia al pecado y la aceptación de la palabra de Cristo.
